“Oh cuidado mis ojitos al mirar…”

Si desde niño fuiste a un templo cristiano es casi seguro que conozcas este corito: “oh cuidado mis ojitos al mirar, oh cuidado mis ojitos al mirar, pues Dios conmigo está y todo mirará, oh cuidado mis ojitos al mirar” (algo así va). Después se iba a “cuidado mis oídos al oír, cuidado mi boquita al hablar, cuidado mis piesitos al andar.” Siempre lo enfoqué a que debía tener cuidado a lo que veía, escuchaba en “el mundo”, en dónde iba a estar y las palabras que utilizaría para hablar, pero ¿y qué pasa de lo que veía o escuchaba aún dentro del templo o de lo que veía o escuchaba con mis papás en casa?

El año pasado me topé con este artículo que quiero compartir, ya que me pareció bastante interesante y verdadero. Aprovechando que es día del niño este domingo, quisiera que pusiéramos un poco de atención como jóvenes y adultos que tratamos con niños, y sobre todo los padres de los niños.

Tengo 25 años de edad (casi 26), 17 años de ser Cristiana y puedo decir que toda mi vida he asistido a un templo y que mis padres me han educado bajo el temor de Dios. ¡Todo esto es gracias a mi Dios, la honra y gloria sean para Él! ¿Por qué menciono esto? Porque en mi experiencia puedo decir que: si en la Iglesia tienes al Pastor más fiel, más excelente, del más buen ejemplo y de un testimonio impecable, o maestros de escuela dominical que explican de maravilla a los niños, que dan un excelente ejemplo para tus hijos pero tú como padre y madre no das testimonio en tu casa o no asistes al templo, no esperes que tu hijo de testimonio cuando crezca y mucho menos esperes que se congregue en un templo cuando sea grande.

Es muy bueno tener líderes comprometidos con Dios y con la Iglesia, ¡por supuesto! Así deben de ser, líderes de ejemplo, y no me refiero a que sean perfectos y nunca se equivoquen porque somos humanos, nos vamos a equivocar todos, pero obviamente deben dar un testimonio digno de ser líder, pero, tú hijo, ¡tú hijo! lo primero que va a ver es cómo viven sus padres, son el ejemplo directo y según les enseñes, así es como van a vivir.

Me impresiona saber que hay padres que dejan que sus hijos tomen sus propias decisiones para ir o no ir al templo cuando tienen 10, 11 o 12 años, ¡no quiero imaginar cuando tengan 18 años! Los hijos mandando a los padres, ¡qué terrible! En mi opinión, mientras siga viviendo en la casa de mis padres, tengo que obedecerlos. Estoy de acuerdo en que obligar a un hijo a hacer algo no es lo más recomendable, pero cuando se trata de Dios, sí es lo más saludable. Mientras sea menor de edad, pienso que se tiene todo el derecho de hacerlo, ya que sea mayor, el hijo dará cuentas a Dios por sus decisiones y esas decisiones le traerán consecuencias.

Es muy grato ver jóvenes e incluso niños que asisten al templo sin sus padres o sin nadie de su familia porque son los únicos Cristianos. ¡Gloria a Dios por ello! Hay que orar mucho por estos niños y jóvenes porque es una lucha muy grande el ser el único Cristiano en casa e ir contra la corriente aparentemente solo, porque Dios siempre va con ellos. También se dan estos casos, no digo que no, pero lo más común es que el niño haga lo que sus padres le enseñan.

Probablemente después de ver a sus padres, los niños verán el ejemplo de otras personas importantes para ellos en su familia, como los abuelos, tíos, etc. Y por eso al principio mencionaba que quisiera compartir este artículo que me encontré con todos aquellos que tenemos contacto directo con niños.

Aquí les dejo el artículo que lleva por nombre: ¿Cómo es que faltar al templo afecta a nuestros hijos?

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En una sesión de preguntas y respuestas, a Carl Trueman le preguntaron por qué las Iglesias de hoy en día se están quedando sin personas jóvenes. Las respuestas típicas a esta pregunta van desde cosas como las tentaciones del mundo o la irrelevancia de la Iglesia -cualquier respuesta de esas. Pero Trueman hace una conexión aguda entre nuestra paternidad y la apostasía.

“La Iglesia está perdiendo a la gente joven porque los padres nunca le enseñaron a sus hijos que era importante. Pienso que esto aplica en todos los ámbitos. Aplica en el culto familiar, y también aplica si vas al templo cada domingo y qué prioridad le demuestras a tus hijos que tiene un domingo en el templo. Si sale el sol y sus amigos van a la playa, ¿decides faltar al templo e ir a la playa? En ese caso, le estas dando señales a tus hijos de que asistir al templo no es importante.” (Carl Trueman)

Ahora bien, sabemos que llevar artificialmente a tus hijos al templo no otorga la salvación y tampoco la garantiza. Obviamente Dios no es honrado por actos externos de religiosidad sin un corazón de adoración. Este tipo de legalismo no es el objeto de esta discusión. Esto se trata de cómo educan a sus hijos y el peso de la responsabilidad detrás de cómo priorizar su tiempo y estilo de vida para sus familias.

Los padres son quienes toman las decisiones para sus familias todo el tiempo. Conforme ellos deciden qué es importante en la familia, cada decisión es observada detalladamente y depositada en el corazón de sus hijos. Sí, ellos te están observando y aprendiendo de ti.

Quizá, la razón por la que nuestros hijos no tienen amor por Cristo se debe al hecho de que sus padres no muestran amor o pasión por Cristo, evidencia de cómo priorizamos nuestro tiempo los domingos como en el resto de la semana. Cuando la televisión, los deportes, la escuela, los pasatiempos, incluso la familia misma son elevados a un lugar de idolatría y reemplazan las responsabilidades vitales de un Cristiano, entonces le estamos diciendo a nuestros hijos que Cristo va después de todas estas cosas, que Cristo es secundario. Le estamos diciendo a nuestros hijos que no es necesario tomar tu cruz y negarte a ti mismo cada día para seguir a Cristo. Les decimos que sólo tienes que vivir para Cristo cuando a ti te conviene. Les decimos que está bien sacrificar el tiempo con nuestro Salvador si algo “más divertido” o “más importante” se presenta (nótese el sarcasmo en las comillas). Y si me preguntas, esto suena como un claro camino a la apostasía.

Evaluemos dónde está nuestro corazón al observar nuestras decisiones. ¿La Iglesia local es prioridad para ti? ¿Es tu prioridad el adorar a Cristo en tu casa y también en el templo? ¿Es tu prioridad servirle y adorarle en tu escuela y trabajo? Esto no quiere decir que no puedes faltar ni un sólo domingo o que no puedes tener actividades extracurriculares. En cambio, es un serio recordatorio de que no debemos poner las cosas de Dios al final de nuestra lista de prioridades, porque eso le dice a nuestros hijos que Cristo está al final de la lista de prioridades. Y ese no es el lugar que se merece el Dios del universo.

Mi oración es que todos podamos mejorar en esta área. Pero cuidado, quizá no nos hemos dado cuenta de esto porque Cristo no es una prioridad en nuestra vida. Y si Él no es una prioridad en nuestra vida, nuestros hijos lo sabrán y seguirán nuestros pasos.

Fuente: https://speakingtruthwithlove.wordpress.com/2016/07/04/how-skipping-church-affects-our-children/

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#AhoraSuena: Slow Fade by Casting Crowns

https://www.youtube.com/watch?v=omVh9X_tQfs

https://www.youtube.com/watch?v=QASREBVDsLk

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